Rojos extremos

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01/19/2012 in El rojo by laura

¿Sabías que cuando se pregunta por el color favorito, el más repetido es el rojo? Desde los comienzos de la humanidad el rojo se ha utilizado como tinte y color, normalmente cargado de simbolismo, y en multitud de ritos mágicos.

Ya en el arte de las cavernas, los colores realizados a partir del oxido de hierro cubren las paredes. No sólo las paredes. Los hombres de Neandertal cubrían a sus muertos con tierras rojizas, probablemente para devolverles el color de la vida, el de la sangre, el rojo. Desde la simbología se asocia el rojo a las pasiones, a lo vital, a lo agresivo. Resulta tan atrayente y llamativo que puede llegar a causar desasosiego y hasta cierta repulsión.

El rojo aparece raramente en la naturaleza y, cuando lo hace, implica peligro en numerosas ocasiones. Esta doble condición se puede rastrear a lo largo de la historia viendo como este color se ha utilizado en diferentes representaciones artísticas. Al igual que en el mundo natural, el rojo se utiliza en contadas ocasiones, en muchos casos debido a la dificultad de conseguir el color en sus tonalidades más violentas. Pero raramente aparece sin tener un claro significado. Los cálidos colores con los que se representaba el sol, adorado por los egipcios, se teñían de hostilidad cuando se asociaban al dios Seth, adversario de Osiris. Su nombre se escribía en rojo, por la asociación que se hacía de este color con la violencia.

Ya dentro de la tradición cristiana, seguimos encontrando este doble sentido del rojo. Por la ancestral analogía que se ha hecho de este color con la sangre, el rojo representa la salvación gracias a la sangre surgida de las heridas de Cristo, como líquido salvador, con la que la humanidad recibiría su primer bautismo. Asimismo, se utilizaba el rojo para representar a los mártires. De esta manera, pasó a simbolizar el amor fervoroso y la sugerencia de que aquellos que lo vestían, el rojo cardenalicio, estaban dispuestos a morir por la Iglesia, a verter esa misma sangre.

Por otra parte, las representaciones del demonio también se han teñido de rojo desde la Edad Media. Así se pinta el infierno, repleto de llamas y maldiciones. Igualmente, se utiliza el rojo para vestir a las mujeres viciosas y a los falsos ídolos. En el Apocalipsis de San Juan, encontramos a la ramera de Babilonia vestida de púrpura y escarlata.

Esta dualidad acabamos por encontrarla en nuestra vida cotidiana. Mientras que con el rojo vestimos el amor  y la pasión por un lado, por otro no dejamos de asociarlo con la prostitución. Los barrios rojos.  Mientras que con el rojo señalamos el peligro de muerte, lo seguimos considerando como el color más vital. Pero donde nunca lo encontraremos será en el medio, en ese medio que se supone que es donde la virtud habita.

Así que en los extremos se mueve el rojo. Sólo en los extremos.