Cinefilia sangrienta

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02/02/2012 in El rojo by Edu Millán

Si hay un género que, a lo largo de la historia, ha teñido de rojo las pantallas de medio mundo, ese es sin duda el cine Gore. Heredero de una tradición artística en la que la fascinación por la violencia gráfica y lo bizarro campan por sus respetos -y que no justificaremos aquí porque, como bien dice Jesús Palacios en su Goremanía, desde la mitología al Grand Guignol pasando por la literatura romántica, entre otras disciplinas, estas tendencias estéticas son tan antiguas como el hombre-, el género de sangre y tripas ha impactado a generaciones desde su aparición en la América de los años sesenta.

Fue Hershell Gordon Lewis, un publicista oriundo de Pittsburgh, Pennsylvania, reconvertido en cineasta, quien tras ver el éxito que los films de temática nudie -cuya principal baza era mostrar cantidades ingentes de piel desnuda de hermosas féminas- pensó que quizás mostrar en pantalla grande y a todo color otro tipo de carnaza también podría ser una actividad fácil de rentabilizar. Y así fue: con Blood Feast se da por inaugurado el género que más litros de (falsa) hemoglobina ha invertido en la historia del Séptimo Arte. A él le debemos cintas como The Gore Gore Girls, The Gruesome Twosome o The wizard of gore. Pero quizás su mejor película sea 2000 Maníacos: una demencial recreación de la leyenda de Brigadoon cargada de humor negro, sangre, imaginativas torturas, estética Hillbilly y mucha violencia gratuita en un film considerado de culto, más por la osadía de algunas de las imágenes, que por su verdadera calidad cinematográfica.

2000 Maníacos

Mientras el género en sí continuaba creciendo, el Nuevo Hollywood pisaba con agresiva fuerza con películas en las que la violencia se exponía sin ambages. Desde los western crepusculares de Pekinpah al cine de directores como Arthur Penn, William Friedkin o Brian de Palma, el espectador medio se empieza a acostumbrar a ver imágenes que antes serían inauditas en la gran pantalla por su extrema crudeza.

Quizás por ello la industria del cine de terror decide tomar la delantera y llevar el tema un paso más allá en su evolución. Tras el enorme éxito de esa producción de bajísimo coste que fue la estupenda La noche de los muertos vivientes, el género nunca volvería a ser el mismo, gracias al cineasta George A. Romero. Era el final de la década de los sesenta y la siguiente nos traería películas tan impactantes como El exorcista, Carrie o Tiburón en cuanto a producciones propias del mainstream o en la vertiente del terror puro, títulos como La matanza de Texas, Deranged, Está vivo, Dawn of the dead o la revolucionaria, pues pondría los cimientos del subgénero slasher tal y como lo conocemos, La noche de Halloween. Piezas fundamentales que ayudaron a asentar el género sangriento.

Por su parte, el cine de otras latitudes no había perdido el tiempo en eso del derramamiento de sangre figurada. Ya desde Asia con títulos como la japonesa Lady Snowblood o las polémicas cintas de la saga Guinea Pig (a cuyos creadores acusaron falsamente de realizar snuff movies por el realismo malsano de sus obras), hasta Europa con los míticos films de la Hammer Productions; las aportaciones de italianos insignes como el gran Lucio FulciDario Argento, Mario y Lamberto Bava; el género ‘mondo’ parido por Cavara, Jacopetti y Prosperi con su Mondo Cane y llevado al extremo con el Holocausto Caníbal de Rugero Deodatto o los españoles Jesús Franco y Jorge Grau, se adentran en una carrera de bizarrismo cinematográfico de la que saldrían algunas de las películas más llamativas del género, muchas de ellas con estatus de culto.

Hay dos cosas que los italianos hacen mejor que nadie: Pizza y cine de caníbales ('Holocausto canibal')

Los años ochenta, la que podríamos considerar como la Edad de Oro del Gore, se inauguran en EEUU con Viernes 13, película heredera del cine de John Carpenter que contagiaría la fiebre de las sagas de adolescentes perseguidos por psicópatas, tan propia de esta época. Tras esta, aparece al año siguiente un jovencísimo Sam Raimi con su Posesión Infernal, enmarcada en el terror fantástico. A partir de aquí, la lista de títulos míticos se hace interminable: Prom Night, San Valentín sangriento (la original), Pesadilla en Elm StreetManiac, la saga Phantasma, Hellraiser, Re-animator y sus secuelas o en un tono más festivo, las psicotrónicas producciones de la Troma, por citar sólo algunas, ponen de manifiesto el carácter incombustible del género.

En cuanto a si se puede hablar de autores dentro del cine gore, a pesar de la controversia que este tema suele generar, sí que se detectan rasgos de verdadera impronta en la obra de algunos de estos cineastas, entre los que destacaremos a dos. Uno de ellos es Frank Henenlotter, cineasta infravalorado que sólo por la extraña, enfermiza y perturbadora ¿Dónde te escondes, hermano? (Basket Case en su título original) ya merece un puesto de honor en la historia del Gore e incluso, nos atreveríamos a decir, del cine. Unos laureles que se confirman en descacharrantes cintas más cercanas a la comedia negra como Brain DamageFrankenhooker.

Uno cree que es muy agudo hasta que tiene que explicar esta imagen ('¿Dónde te escondes, hermano?')

El otro cineasta es un neozelandés con aspecto de empollón llamado Peter Jackson. Mucho antes de ser mundialmente conocido por adaptar El señor de los anillos a la gran pantalla, sería quien revolucionaría y, en cierto modo, aniquilaría el género por agotamiento, primero con su genial Mal gusto, película rodada a lo largo de dos años casi sin medios, con mucha imaginación y la ayuda desinteresada de amigos y luego con la hiperbólica Braindead, famosa en España por su sobrenombre Tu madre se ha comido a mi perro. El propio Jackson afirmó en su momento que hasta que otro director no superara en excesos a su film, no volvería al cine Gore, género que no ha vuelto a tocar. Aunque este es un film de lo que se conoce como comedia Gore o Splatstick (mezcla de los géneros splatter y slapstick), va mucho más allá, funcionando a la perfección como comedia romántica con zombis de por medio, siendo una de las producciones netamente gores de mejor factura que se han rodado hasta la fecha.

'Braindead' o una buena razón para no tener hijos

La cinta de Jackson, de 1992, augura una década en la que la sangre seguiría corriendo profusamente por los proyectores de medio mundo. La aparición de tendencias como el ultra-gore alemán, con directores como Olaf Ittenbach y su The burning moon a la cabeza, y cintas producidas en Asia de la brutalidad de El laboratorio del diablo –secuela de la demencial Los hombres detrás del sol- y otras obras made in Hong Kong siguen manteniendo vivo un género que iría decayendo poco a poco con la llegada del año 2000 y la siguiente década. Esto podría deberse en parte a la generalización del uso de efectos especiales realizados por ordenador, práctica que, aunque abarata costes, suele producir un gran rechazo entre los acérrimos seguidores del género, y la existencia de una audiencia que, gracias a los espeluznantes vídeos que Internet pone al alcance de cualquiera, ha perdido cierto grado de ingenuidad y es cada vez más difícil de impactar.

Aún así, películas como el estupendo remake de Dawn of the dead de 2004 o la más reciente y polémica A serbian film –de una crudeza que no se veía en la gran pantalla desde hace décadas- siguen sorprendiendo a un público sediento de roja y viscosa sangre. Porque nunca viene mal una transfusión de cinefilia.